Nota editorial
Este año 2010, Métrica cumple cuatro años. Estamos orgullosos de haber creado una revista original, interesante y estéticamente diferente.
Número a número nos esforzamos para agregar contenidos, páginas y nuevas secciones. Nuestro desafío ha sido siempre acercarnos a nuestro objetivo de mostrar la amplitud de las creaciones culturales desde nuestra visión particular.
Cuando hablamos de nosotros, nos referimos a todos lo que con su creatividad y cariño colaboran para que Métrica sea posible: lectores, auspiciantes, diseñadores, artistas, correctores, redactores y editores.
Queremos a partir de este número ampliar aún más nuestro objetivo original. Y para eso convocamos a todos los que quieran participar y se sientan conectados con el proyecto Métrica. Queremos sumar voluntades, objetivos y sueños.
A nuestros lectores, los invitamos a desafiarnos aún más.
Queremos generar contenidos que los atrapen y los haga esperar con ansias cada nuevo número.
Queremos llegar a un público más amplio y para eso hemos replanteado nuestra forma de comercialización y distribución.
Creemos profundamente que los fieles lectores de la revista nos acompañarán en nuestro entusiasmo.
El desafío es grande e interesante. Los esperamos con muchas novedades en el número 15 de Métrica.
Vicente Grondona
Enero 2010
Jazz argentino: un lugar en el mundo e influencias fuera del lugar común
En la entrega de los Premios Gardel que el 22 de julio publicó la Cámara Argentina de Fonogramas y Videogramas (Capif), dentro de cuarenta y dos categorías sólo una correspondía a la de jazz y fue ganado por Ernesto Jodos y su disco Jardín seco. Un premio más que merecido, por supuesto, pero que nos brinda una visión miope del crecimiento del género dentro de la música argentina y que, lamentablemente, valida el oxidado concepto elitista que por tantos años despreció el desarrollo y la originalidad de músicos y compositores, tachándolos de simples imitadores, ignorando el fenómeno de la globalización del jazz, no como masificación sino, respetando su revolucionaria deconstrucción de estructuras y fronteras que es núcleo de su razón de ser.
Es un lugar común mencionar las influencias de pianistas históricos sobre los actuales, “que toca como Tatum”, “que como Powell”, “que como Monk” o el sambenito de hoy en día: “Toca o no toca como Bill Evans” y así podríamos seguir ad infinitum. Pero limitándonos a la historia reciente, en el 2007, Ernesto Jodos, con el simple título de “Trío” revelaba su ADN, sin eufemismos ponía en la portada y en el contenido del disco la música de Lennie Tristano y su grupo, Lee Konitz, Warneme Marsh y Billy Bauer; y donde agradece a una serie de amigos por “haberme mostrado esta música en diferentes momentos de mi vida”.
En ese mismo 2007 Adrián Iaies en un gesto de coraje, edita “Uno Dos Tres solo y bien acompañado”, un disco histórico donde Adrián da cuenta de una de sus marcas y en el disco donde toca solo incluye su “Suite John Lewis” pero dejémoslo que él mismo nos lo diga: “La misma inescrutable naturaleza de las razones siempre misteriosas e insondables por la cual uno no puede evitar enamorarse cuando es tan implacablemente seducido, obró para que John Lewis se introduzca en mi universo musical para despabilarlo y enriquecerlo un tanto. Y lo hizo con las ropas de pianista, de solopianista, para mayor detalle, antes aún que el John Lewis compositor, orquestador o incluso ideólogo. El John Lewis que toca el piano. Ninguna duda al respecto.”
Y esto da pie para el comentario de dos discos de jazz argentino que más allá de los premios, número de ventas y de algunos críticos ya rancios (excluyo de esta categoría al estimado y nombrado Fischeman que elogió a ambos sin reticencias). Considero dos obras imprescindibles y sin ninguna duda, lo mejor del año, editado de música, a secas.
El primero es “Paula Shocron Trío homenaje” en el que Paula, sin eufemismos, declara “Dedicado a Andrew Hill…”, donde la pianista y compositora nacida en Rosario en 1980, alumna del nuevamente mencionado Jodos y quien ya nos había llamado la atención con su primer (y primero de una mujer en nuestro país) disco solista “La voz que te lleva”. Toma forma en “Urbes” y decanta en este “homenaje” acompañada por otros dos jóvenes instalados en la excelencia, Jerónimo Carmona en contrabajo y Carto Brandán en batería. Sobrevuela el espíritu del poco frecuentado Andrew Hill, más allá de que uno de sus discos, el grabado en 1964 para Blue Note, “Point of departure” es un clásico absoluto. Shocron incluye dos composiciones de Hill y el resto son de su autoría, tiende a confirmarse que Paula es hija legítima y que, luego de esta gema de jazz auténtica, propicia la espectativa de lo porvenir en manos y cabeza de esta talentosísima música y este trío que se afianza en la realidad poderosa del género.
Veinte años mayor que Paula, nuestro reconocido en ambos sentidos, Adrián Iaies nos presenta su último disco en trío “Esa sonrisa es un santo remedio”, junto a Ezequiel Dutil en contrabajo y el gran Pepi Taveira en batería, con un invitado de lujo, Raúl Barbosa en acordeón haciendo “Alfonsina y el mar”. Adrián no deja de sorprendernos en cada disco, parafraseando a uno de ellos hay en éste una módica serenidad que va desde el clásico de Ariel Ramírez a Francisco De Caro, pasando por Billy Joel o Charly García y, para mi gusto, culminando en ese tributo con humor a otros dos grandes pianistas en el tema “Red Kelly y Winton Garland at Lopretes House” (por supuesto, Winton Kelly y Red Garland y la casa de su amigo Justo Loprete), aquí corriendo mezclados en el torrente sanguíneo de este pianista maravilloso del cual también seguimos esperando lo mejor.
El jazz está entre nosotros y dada la juventud de sus músicos hay jazz para rato.
Porque era como nosotros
Cuando la Editorial Tusquets publicó en marzo del 2001 Soldados de Salamina tuvo ese mismo año y hasta noviembre doce ediciones. Es esa duodécima edición española la que llegó a mis manos al año siguiente, y dentro de mi indiscriminada bulimia lectora, el nombre de Javier Cercas quedó rutilando como un autor de un estilo absolutamente sorprendente, donde realidad y ficción se entrelazan con tal comodidad que las hace indiscernibles. Un dato: Tusquets acaba de reeditarla en nuestro país en una edición pocket, no se la pierdan. También hay una versión cinematográfica con guión y dirección de David Trueba sólo vista en nuestro país en una emisión de TV por cable, donde Cercas fue interpretado por la mujer de Trueba, la sensual Ariadna Gil.
En el 2005 puedo leer La velocidad de la luz que, como dice en la solapa del libro y adhiero, significa “una nueva vuelta de tuerca a uno de los universos narrativos más personales y fascinantes de la literatura española de últimos años”.
En el 2006 consigo la edición española de La verdad de Agamenón, recopilación de artículos que Cercas ha escrito para el diario español El País (al que algunas veces accedo cuando voy a Buenos Aires, ya que dejó de distribuirse en Mar del Plata luego de la helicóptera fuga).
Y hoy, en pleno 2009, casi en simultáneo con España, Mondadori distribuye en Argentina Anatomía de un instante, nunca tan acertada y de lectura obligatoria en los momentos de incertidumbre por los que atraviesa nuestro país. Para todos nuestros lectores y para muchos de nuestros políticos (aquellos que, como define Van Weber, adhieren a la ética de la convicción en vez de la ética de la responsabilidad) que irresponsablemente mentan los Pactos de la Moncloa, sin saber muy bien de qué se trata, así lo resume Cercas: “Fueron un intento en gran parte logrado de pacificar una vida social en pie de guerra …, pero esos pactos fueron ante todo un acuerdo entre el gobierno y la izquierda y aunque lo firmaron los principales partidos políticos recibieron ásperas críticas de los empresarios, de la derecha y de determinados sectores de la UCD, que acusaron al presidente de haberse rendido a los sindicatos y a los comunistas”.
Pero estos acuerdos no evitaron el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, más conocido como “El Tejerazo” y que Cercas aborda con la objetividad de un historiador meticuloso, narrando con la subjetividad de un novelista excepcional. Este libro, tomando un concepto del propio autor, consiste en un “relato real”, de hecho, una recopilación de sus artículos llevó el título de Relatos reales (no editado en el país) y sobre el que se explica en un artículo para la Revista Quimera del 2005 (incluido en La verdad de Argamenón) que “en rigor, un relato real es apenas concebible porque todo relato, lo quiera o no, comporta un grado variable de invención o dicho de otro modo es imposible transcribir verbalmente la realidad sin traicionarla… El relato real, puesto que está hecho con palabras, inevitablemente se independiza en parte de la realidad”.
Más que anatomía es ésta la disección de tres gestos que protagonizan Adolfo Suárez, el General Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, los únicos que permanecen en sus escaños cuando, pistola en mano, irrumpe el Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero y su séquito en el hemiciclo del Congreso de Diputados.
Este relato de la transición está construido como una conjunción de azar y voluntades; los protagonistas (los del instante del gesto) son Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo pero también están el Rey, el mentado Tejero, el General Armada y una serie de partiquinos, políticos, periodistas y el tan recurrido pueblo, quienes quedan en suspenso, como si ese gesto representara el coraje, el coraje de “los héroes de la retirada” (Enzensberger).
Al comienzo de este libro, Cercas menciona una encuesta en la que una cuarta parte de los ingleses pensaban que Winston Churchill era un personaje de ficción. Cuántos de nosotros pensaremos en pocos años que el Proceso (no el de Kafka) es un mito (pensamiento kafkiano, por cierto). Y éste es el mérito del libro, el intento de no olvidar, el intento de entender. Con esta apasionada intención cierra su obra con una anécdota personal, cuando le pregunta a su anciano padre por qué confió en Suárez, y éste le responde: “Porque era como nosotros”.
— Jorge Velasco
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