Cine y TV · Homenaje Métrica

En 1990, Lynch y Frost metieron un cadáver envuelto en plástico en la TV abierta, disfrazado de telenovela. La historia de Twin Peaks.

 

Un hombre sale a pescar temprano. Escucha la sirena de niebla del puerto, ve algo raro contra un tronco en la orilla y se acerca. Es un cuerpo, envuelto en plástico. El hombre se llama Pete Martell y lo primero que hace es avisar por teléfono con cuatro palabras que quedaron grabadas en la historia de la televisión: "She's dead. Wrapped in plastic." Está muerta, envuelta en plástico. La frase ni siquiera estaba en el guion original; la agregaron filmando.

Con esa imagen arranca Twin Peaks, la serie que David Lynch y Mark Frost estrenaron en la cadena ABC en abril de 1990. La muerta es Laura Palmer, la reina del baile del secundario, la chica perfecta del pueblo. El resto de los capítulos son, en el fondo, una sola pregunta: quién la mató. Pero esa no es la parte interesante.

La parte interesante es cómo semejante cosa terminó en la televisión abierta de un domingo a la noche, mirada por unos 34 millones de personas.

 

El mapa de carbonilla

Lynch y Frost la vendieron en una reunión de desayuno, sin guion ni piloto filmado bajo el brazo. Lynch desenrolló sobre la mesa un mapa del pueblo dibujado por él mismo en carbonilla —el bosque, la montaña, el aserradero al costado del agua— y se puso a describir con las manos cómo susurraba el viento entre los pinos. La idea que traían era una sola y sonaba a chiste: cruzar un policial con una telenovela. Al ejecutivo le gustó. Les pidió que escribieran el piloto.

Ese cruce no era un truco de marketing. Era el caballo de Troya.

 

El disfraz de telenovela

Una telenovela es un lugar cómodo. Hay un pueblo chico, romances cruzados, un bar donde todos se conocen y se sirve el café. Lynch se puso ese disfraz con una devoción casi maníaca. El agente Dale Cooper, el del FBI que llega a investigar, no para de elogiar el café del pueblo —"a damn fine cup of coffee", un café buenísimo— y una tarta de cerezas que, avisa, "te mata". Habla solo frente a un grabador, le manda mensajes a una tal Diane que nunca vemos, se maravilla con los árboles. Es puro encanto.

Y dentro de ese encanto dejaba entrar lo otro. Un semáforo que titila en amarillo sobre la ruta vacía a las tres de la mañana. Un sueño con un hombre pequeño que habla con la voz al revés, del que Cooper se despierta sabiendo, sin poder explicar, quién fue. La violencia no venía de afuera del pueblo: estaba adentro de una de esas casas coquetas, en la mesa familiar, donde había torta.

Ahí está el corazón del asunto. Lo perturbador no aparecía a pesar de la sobremesa amable, sino dentro de ella. El horror no llegaba de un monstruo de otro planeta: salía del padre, del vecino, de la cocina iluminada. Lynch entendió que nada asusta más que lo familiar cuando se pudre por dentro, y eligió la telenovela —el género más doméstico que tenía la tele— como el mejor sótano para esconderlo.

ABC, claro, se puso nerviosa. Presionó para que el misterio se resolviera de una vez, y cuando por fin se supo quién mató a Laura, buena parte del hechizo se rompió. La serie se hundió en la segunda temporada y la cancelaron en 1991. Podría haber terminado ahí, como una rareza gloriosa que envejeció en las videotecas. Pero en 2017 los dos volvieron con Twin Peaks: The Return por Showtime, dieciocho horas que no le hacían la más mínima concesión a nadie, exactamente veinticinco años después, tal como el sueño de Laura lo había prometido.

David Lynch murió en enero de 2025, a los 78, fumador hasta el final. Lo que queda de Twin Peaks no es el nombre del asesino —eso se olvida rápido— sino el gesto de haber sentado a 34 millones de personas a tomar un café buenísimo en un pueblo hermoso, y de dejar que descubrieran, cuando ya era tarde para levantarse de la mesa, que el plástico en la orilla las estaba esperando desde el primer minuto.

Nada asusta más que lo familiar cuando se pudre por dentro.

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Homenaje Métrica

Remera David Lynch

El homenaje a Twin Peaks. Serigrafía artesanal sobre algodón peinado. Hecha en Argentina.

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