Hacia 1900, Buenos Aires se soñaba la París del Sur, y el taller suizo Photoglob la puso en su catálogo mundial entre Grecia, Egipto y la India. Estas ocho vistas no son fotografías: son fotocromos. Sobre un negativo en blanco y negro se aplicaba el color con diez a quince piedras litográficas, una por tono — la técnica que Photoglob patentó en 1888. El resultado engaña al ojo: parece una foto en color décadas antes de que la fotografía en color existiera. Cada verde y cada ocre los eligió, a mano, un litógrafo cuyo nombre nunca se publicó. Los originales están en la Marc Walter photochrom collection de la Library of Congress.