Japón cambió la mirada · De Edo a París
La Torre Eiffel asoma entre los cuernos de un alce de yeso, visto de espaldas.
A3 (30×42) · A2 (42×59) cm · Coated mate · Impresión pigmentada
Desde atrás de una escultura del parque del Trocadéro —un alce que forcejea con una boa, de Emmanuel Frémiet— la Torre Eiffel asoma entre los cuernos del animal. El cielo está rayado de arriba abajo, como de lluvia, y adelante hay lirios. Según el Museo de Cleveland, la escultura era de yeso y hacia 1910 estaba casi destruida: la lámina guarda un monumento que ya no existe. Es la número 27 —está en el sello rojo del pie— de las Treinta y seis vistas de la Torre Eiffel, litografías en cinco tonos tiradas en 1902 en quinientos ejemplares. Como Hokusai con el Fuji, Rivière a veces esconde la torre detrás de una escena cualquiera: acá la tapa un alce.
Se reproduce la hoja entera, tal como la guarda cada museo: el papel con sus años, los sellos y los márgenes. No se recorta, no se retoca ni se empareja el color. Recibís una lámina nueva de una estampa vieja, con los años de la estampa a la vista.
“Un doble homenaje: a la nueva torre parisina y a Hokusai.”
Bibliothèque nationale de France, sobre Les Trente-six vues de la tour Eiffel · traducción
Cómo está hecha
OriginalLitografía en color sobre papel, 1902
FuenteThe Cleveland Museum of Art · Open Access (CC0) · 2003.392
ImpresiónPigmentada, 12 tintas, en nuestro taller de Mar del Plata
PapelCoated mate
EntregaSin marco, en tubo rígido
La historia
Henri Rivière (1864–1951), parisino, repartió su vida entre la ciudad y la costa de Bretaña. Desde 1886 hizo las escenografías del teatro de sombras de Le Chat Noir, que dirigió artísticamente hasta el cierre, en 1897; en La tentación de san Antonio (1887) un episodio se titulaba «Los dioses japoneses (según Hokusai y Korin)». Tenía las Treinta y seis vistas del monte Fuji de Hokusai. Fue el primero entre sus pares en intentar copiar no sólo el lenguaje de las estampas japonesas sino su técnica: sin manuales, probó pigmentos al agua y un disco para estampar a mano. Firmaba con un monograma rojo que imita los sellos japoneses.
Treinta y seis vueltas a una montaña.
Treinta y seis, a una torre de hierro.